ALBERT ELLIS: IN MEMORIAM

GACETA DE PSICOLOGÍA. ILUSTRE COLEGIO OFICIAL DE PSICÓLOGOS DE ANDALUCÍA ORIENTAL.

Diciembre 2007. Nº 44. P 8e_ellis_pic

Cuando en noviembre de 1994 decidí apuntarme al curso que Albert Ellis iba a impartir en Torremolinos, lo hice más alentado por la expectativa de poder referir con posterioridad que había conocido personalmente al que consideraba un gran pope de la psicología, que por la creencia de asimilar nuevos conocimientos. Sin embargo nunca otra experiencia formativa impactó tan significativamente en mi actuación profesional.

Me sorprendió encontrarme con un señor mayor, de edad indefinida (ahora sé que ya había cumplido o iba a cumplir los 80 años) de una energía física y una preclaridad mental impresionantes. Resultaba admirable observar cómo abría las jornadas puntualmente a las 9 de la mañana, cómo era el último en abandonar el salón de actos y el primero en iniciar las sesiones vespertinas. Maravillaba advertir el dinamismo con el que se mantenía durante horas; basándose en la continua interacción con los asistentes, respondiendo a todo tipo de cuestiones, dudas o supuestos clínicos y cómo luego finalizaba con la resolución in situ de diferentes casos reales. Divertía a la vez que nos educaba comprobar cómo afrontaba su sordera con una mezcla de aceptación, indiferencia y mal genio cuando el servicio de traducción debía elevar el volumen de los audífonos.

La velocidad y precisión de sus respuestas y la efectividad de las mismas en el marco de la situación problemática que en cada momento se le presentaba, me hizo comprender rápidamente que nos encontrábamos ante un verdadero “monstruo de la naturaleza”, ante una persona excepcional no tan sólo por sus capacidades intelectuales sino también por la creatividad y originalidad de sus soluciones y el compromiso con sus actos y opiniones.

Rememorando aquellas jornadas quiero ahora destacar algunos aspectos que me llamaron especialmente la atención y que formaban parte de sus habilidades y estrategias terapéuticas:

  • La inclusión de un fino sentido del humor como método para cuestionar los problemas del cliente a la vez que como recurso para generar un distanciamiento emocional respecto a los sentimientos de autoconmiseración; y como manera de desdramatizar situaciones.
  • La utilización –como buen neoyorquino- del taco y la palabrota, junto al puñetazo en la mesa, dentro de preguntas dirigidas a la creencia irracional del cliente. Utilizando este recurso para romperla y atacarla una vez cuestionada y analizada previamente.
  • El empleo de canciones racionales emotivas. Todavía recuerdo la sorpresa e hilaridad que provocó en los asistentes su papel de “director de coro”, animándonos a cantar con entusiasmo, determinación y energía algunos de sus poemas terapéuticos.

Así, nos conminaba a cantar con la música del espiritual americano “Cuando los santos van marchando”:

Algunos piensan que el mundo

Debe seguir un camino recto

¡y yo también!, ¡y yo también!

Porque yo tengo que demostrar

Que soy un superman:

¡y mucho mejor que los demás!

Demostrar que mi sesera es milagrosa

Y así siempre estaré con la gente prodigiosa (…)

No puedo ni imaginar

Una vida en la que pueda fallar

Por último querría destacar algunas de las anotaciones que tomé en aquellas jornadas y que me atrevo a titular como Presuposiciones operativas de la TREC y que estarían en la base de la Filosofía de vida que pregonaba el Dr. Ellis como más saludable:ELLIS

  1. Somos libres de elegir decirnos y hacer tonterías como buenos neuróticos y neuróticas o comportarnos más racionalmente.(Recordemos la frase de Epicteto en la que el Dr. Albert Ellis se basó para iniciar su modelo terapéutico: “No son las circunstancias las que hacen infelices a las personas, sino las opiniones que las personas tenemos sobre las circunstancias”).Por lo tanto , podemos elegir trastornarnos y pasarlo peor de lo que ya se encargará la vida , o no.
  1. Al cosmos le es indiferente nuestra existencia, nuestra felicidad o nuestra desgracia. En el más que dudoso caso de que existiesen los dioses les importarían tres pimientos nuestros estados emocionales. Por lo tanto es tarea que nos compete a nosotros el mejorarlos y modificarlos.
  1. Es saludable que orientemos parte de nuestra rebeldía contra nuestros pensamientos y aprendamos a cuestionarlos y a someterlos a un severo análisis crítico para juzgar sobre la exactitud y precisión de los mismos.
  1. Esta actitud no implica una resignada posición de conformismo ante los eventos sociales externos. Muy al contrario, para un equilibrado desarrollo personal es conveniente que nos sintamos implicados con nuestro entorno y el mundo que nos ha tocado vivir y abracemos compromisos que trasciendan nuestros meros intereses personales. Pero siempre desde una perspectiva tolerante y no absolutista, sabiendo sustituir nuestros “debería” y “tendría” por un más saludable: “sería deseable” o “preferiría”.
  1. El conocer cómo uno se trastorna no cambia nuestras emociones. Sólo el trabajo sistemático puede lograrlo.

Recuerdo que en una de las agotadoras jornadas dio algunas voces y mandó “mover su jodido culo” a un cliente que demandaba sus servicios mostrando poca capacidad de respuesta a su intervención. Interpelado por los asistentes sobre cómo era posible que el mayor experto en neurosis presentara una conducta neurótica respondió: “yo también me puedo comportar neuróticamente, ¿y qué?”. Dándonos a mi entender la mayor lección actuacional de aquellos días: él mismo aplicaba los principios de la TREC aceptándose a sí mismo, con sus limitaciones y admitiendo que podía ser falible hasta en las cosas en las que era el mayor experto, y que eso no le iba a crear más problemas que los que su propio comportamiento de ese momento le provocaran.

No tengo ni idea de si los dioses nos estarán esperando tras nuestra muerte. Pero en el caso de que así fuera no me extrañaría que el Dr.Albert Ellis estuviera ahora dirigiendo a algún coro de serafines y querubines con alguna de sus entusiastas melodías para ayudarles a superar sus neurosis. Con todo nuestro reconocimiento y agradecimiento:

Descanse en paz

Jacobo Reyes Martos.

Col. 1923

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Categorías: PSICOLGIA CLINICA, T.R.E.C. | Etiquetas: | Deja un comentario

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