LOS TRES SORDOS Y EL DERVICHE MUDO

Había una vez un pobre pastor de cabras. Era sordo, pero esto no le importaba en absoluto. Un  día su esposa se olvidó de darle la bolsa que contenía su almuerzo y tampoco envió a su hijo para que se lo llevara, como había ocurrido en ocasiones.images

Ya en la colina con sus cabras, de repente vio a un hombre que estaba cortando arbustos en la ladera. Se acercó a él y le dijo “Hermano, por favor, vigila las cabras para que no se pierdan, pues a mi esposa se le ha olvidado mi comida y voy al pueblo por ella”. Pero el que cortaba los arbustos también era sordo y no comprendió lo que quería el pastor.

Su respuesta fue:” ¿Por qué habría de darte uno de los arbustos que estoy cortando. Vete de aquí, pues no quiero saber nada de gente como tú, que sólo quieren quitarme lo poco que me pertenece”.

E hizo un ademán de burla con la mano, riéndose estentóreamente. El pastor no oyó lo que el hombre dijo y contestó:”Gracias por aceptar, generoso amigo, iré tan rápido como pueda”.

Corrió hacia la aldea y llegó a su humilde choza. Encontró a su esposa enferma con fiebre y a la esposa del vecino atendiéndola. Tomó su bolsa de comida y regresó corriendo. Contó las cabras y vio que no faltaba ninguna. El cortador de arbustos todavía estaba ocupado en su trabajo, y el pastor dijo para sí:”¡Caramba, qué persona tan excelente! ¡Ha cuidado para que no se extravíen y ni siquiera busca agradecimiento por su servicio! Le obsequiaré esta cabra lisiada que, de todas formas pensaba matar”. De manera que cargando la cabra sobre los hombros, corrió exclamando:”Hermano, he aquí un regalo por haber cuidado de mis cabras mientras estaba ausente. Mi esposa tiene fiebre y eso lo explica todo. Toma esta cabra para tu cena, ves, tiene una pata lisiada y, de todas maneras, pensaba matarla”.

Pero el otro no oyó sus palabras y dijo furioso ”¡Despreciable cabrero, no vi qué pasó mientras estuviste ausente! ¿Cómo puedo ser responsable de la pata de tu animal? ¡Yo estaba ocupado cortando estos arbustos! Lárgate o te golpearé “.MullaNasrudin

El pastor estaba asombrado por los gestos de furia que hacía el hombre, pero no podía oir lo que decía, así que llamó a un jinete que pasaba por allí. “Señor, le suplico que me ayude a entender lo que dice este cortador de arbustos. Soy sordo, y no sé por qué rechaza el regalo de la cabra con tanta furia”.

Los dos empezaron a gritarle al viajero, que desmontó y caminó hacia ellos. Era ladrón de caballos y sordo como una tapia. Se había perdido y quería preguntarles dónde estaba. Pero cuando vio sus gestos de furia dijo:”Sí, robé el caballo, lo confieso, pero no sabía que os pertenecía “¡Os suplico que me perdonéis, pues tuve un momento de tentación y actué sin pensar!”.

“No tuve nada que ver con la pata lisiada de la cabra”, gritaba el cortador de arbustos.

“Haz que me diga por qué no acepta mi regalo”, urgía el cabrero. “Sólo quería dársela como muestra de aprecio”.

“Ciertamente, admito haber robado el caballo -decía el ladrón- , pero soy sordo y no puedo oír cuál de vosotros es el dueño”.elpastorsordo4

En ese momento apareció un viejo derviche que iba hacia la aldea. El cortador de arbustos corrió hacia él y tirando de su manto dijo: “Venerable derviche, soy un hombre sordo que no puede entender nada de lo que dicen estos dos. Por favor, juzga sabiamente y explícame qué gritan”.

Pero el derviche era mudo y no podía responder, así que se acercó a ellos y observó detenidamente las caras de los tres sordos, que habían dejado de hablar.

Los miró uno por uno, por tanto tiempo y tan fijamente que empezaron a sentirse muy molestos.

Los chispeantes ojos negros del derviche profundizaban en los ojos de los hombres, buscando la verdad, tratando de encontrar algo que le diera la clave de la situación.

Pero los otros comenzaron a sentir miedo de que los embrujara, o de que fuera a controlar su voluntad de alguna manera. Y de repente el ladrón saltó sobre el caballo y se fue galopando. Inmediatamente el cabrero comenzó a reunir a sus animales y a conducirlos a la cima de la montaña. El segador de arbustos, bajando la vista, empacó las ramas en una red y, echándosela a los hombros, bajó hacia su casa.

El derviche continuó su viaje, pensando que a veces el habla puede ser una forma de comunicación tan inútil que sería lo mismo no tenerla.

(Relato de Idries Shah: “El camino del sufí”.Ed.Paidós.)

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