APRENDIENDO A COMER

RAQUEL FERRER           La educación en alimentación comienza en la cuna, el niño ha de ser alimentado con horario regular y en un ambiente tranquilo, y, nunca con precipitación y nerviosismo.

          Antes de todo se ha de tener muy clara la diferencia entre tener hambre y comer correctamente. El hambre es una necesidad biológica, del organismo y saber comer bien, de todo y en el momento adecuado, es un HÁBITO, que se puede inculcar y aprender como cualquier otro (montar en bici, leer,…) con un tiempo de aprendizaje.

          Por este motivo es durante la niñez donde se va a ir construyendo los hábitos alimentarios, y es en este momento donde hay que intervenir para enseñar a los niños a que adquieran unos hábitos adecuados y saludables.

          El obligar a un niño a comer más cantidad no es enseñarle a comer correctamente, hay que diferenciar claramente entre cantidad y calidad.

         Algo que tenemos que recordar es que los niños se sienten seguros y confiados en ambientes que conocen, por lo que es de suma importancia establecer rutinas respecto al entorno (lugar donde comer; objetos asociados como su silla, mesa, cubiertos, plato…) y el horario (intentar siempre darle a las mismas horas), a la vez que se le ofrecen pautas claras y concretas de lo que se les pide que hagan.

         A la hora de enseñar a nuestros hijos a comer hemos de tener muy presente los siguientes ASPECTOS:

    1. Ningún niño se muere de hambre si tiene comida a su alcance. Descartados problemas fisiológicos siempre terminará comiendo cuando su organismo le envíe la señal de hambre.familiacomiendo
    2. Los niños pueden comer de todo. Descartada cualquier intolerancia alimentaria pueden comer de todo, otra cosa muy distinta son las preferencias que puedan tener por unos u otros, como cualquier persona.
    3. Preferencia no quiere decir exclusividad. Éstas pueden afianzarse con la edad, pero por ello no hay que desplazar de su menú otros alimentos necesarios para su desarrollo. Saber comer de todo es importante para tener una vida saludable.
    4. Los hijos no tienen por qué tener el mismo paladar que sus padres. Que uno de los padres coma mal, no sirve para justificar o inculcar unos malos hábitos de alimentación a su hijo.
    5. Establecer una rutina y un ritual es la primera batalla ganada. El escenario de la “batalla”, sobre todo si queremos que deje de serlo, será un espacio concreto, agradable, tranquilo y siempre el mismo.
    6. Los pequeños cambios son los que más perduran. Comenzaremos con cantidades y objetivos pequeños, que irán proporcionando logros a los pequeños y que serán la base firme de un hábito alimentario adecuado y saludable.

         Antes de ver qué hacer para que nuestro hijo coma bien vamos a ver lo que NUNCA se debe hacer:

    1. Tener en mente ideas preconcebidas de la cantidad de comida que queremos que ingiera el niño, obligándole a que se la coma a toda costa. Recordemos que cada niño tiene unas necesidades energéticas.
    2. Si no ha comido cuando le tocaba, ir probando a darle a otra hora, a ver si entonces le apetece. Cualquier momento NO es bueno para comer, hay que establecer unos ritmos horario, si no come en una comida esperar a la siguiente, que será en un intervalo de cuatro horas.
    3. Permitirle que se hinche entre horas de bollería, patatas o chuches, justificándonos con que así, como mínimo, tendrá algo en el estómago. Estas sustancias no son nutritivas y, además, bloquean la sensación de hambre.
    4. Ir cambiando continuamente de alimentos para “encontrar” los que le gusta al niño. El paladar se educa, por lo que cuando le vayamos acostumbrando a los distintos sabores esos alimentos le irán gustando.
    5. Enmascarar los alimentos con otros sabores, para adaptarlos al gusto del niño (bañarlos en kétchup). Para enseñarle a comer bien hay que ayudarle a que reconozca, acepte y disfrute de los diferentes sabores de la gastronomía.
    6. Utilizar cualquier artimaña para distraer al pequeño y hacerle engullir un bocado (ponerle los dibujitos en la tele, dejarle jugar con lo que quiera, hacer el indio…).
    7. Obsesionarse con el tema. El niño capta lo que el adulto le transmite, aunque éste no lo verbalice. La ansiedad, el enojo o desespero de los padres repercute en los niños y en su actitud. Por ello mantendremos una actitud serena, segura y relajada.

Pasemos a ver algunas RECOMENDACIONES para ayudar a adquirir el HÁBITO DE COMER:n

    1. ESTABLECER UN SITIO FIJO PARA COMER, esto ayuda a crear el hábito ya que el pequeño asocia el entorno y los objetos con un comportamiento concreto, el de comer. Evitar el dar de comer un día en su cuarto con los juguetes, otra comida en el salón con la tele, en el patio jugando, etc. También es positivo informarle de lo que se va hacer, de qué va a comer, de lo rico que está, de lo que se espera de él.
    2. ACTUAR CON SERENIDAD. El niño debe aprender que la hora de la comida no es indicio de borrasca ni sinónimo de batalla. Los padres deben aprender a mostrarse serenos, relajados, con una actitud positiva y seguros de lo que están haciendo. Mostrar que se domina la situación, aún cuando el pequeño monte una pataleta no se ha de cambiar la manera de proceder elegida. Y algo muy importante es que ambos padres NUNCA han de discutir sus diferencias respecto a cómo enseñar a comer delante del pequeño.
    3. MEJOR UN SOLO CONDUCTOR, cuantos menos espectadores mejor. Una sola persona que acompañe y guíe al pequeño mientras aprende a comer. Si hay más personas delante no intervendrán para evitar distraer o confundir al pequeño. En distintas comidas sí puede, y sería beneficioso, ser otra persona distinta el conductor pero siguiendo siempre, todas, las mismas pautas.
    4. PONERLE LA COMIDA DELANTE, Y ADVERTIRLE QUE SE RETIRARAN LOS PLATOS PASADO UN TIEMPO CONCRETO (20-30 MINUTOS). Así, sin más. Sin gritos ni tensión. Antes bien, con la sonrisa en los labios.
    5. SI ES NECESARIO DEJARLE EN SOLEDAD EL TIEMPO PREVISTO, Y RETIRARLE LOS PLATOS. Hacerlo sin recriminarle nada. Es posible que la primera vez, o las primeras veces, no haya comido nada o muy poco, pero no nos obsesionemos. El comer es una de esas cosas que cuando no se hace, más ganas vienen de hacerlo. Si no come nada en la comida, más hambre tendrá a la hora de cenar.
    6. NO DARLE NADA ENTRE HORAS. Ni consentir que otras personas se lo den. Ya comerá a la hora siguiente de comida, donde repetiremos los puntos 1-5. Es frecuente que el niño aguante períodos de unas 12 horas sin comer.

         Se trata de actuar con serenidad, sin que el niño pueda interpretar la actitud de los padres como un reto. Cuando se plantean retos a los niños, ellos siempre acaban ganando de una u otra forma.

         Para concluir, recordemos que todo aprendizaje requiere su tiempo, que hay que tener mucha paciencia e ignorar las respuestas negativas que da el niño mientras aprende. Y que son los padres los que dominan la situación y no pueden mostrarse inseguros o dubitativos, por mucho berrinche que muestre el niño han de mantenerse firmes y constantes en las pautas aplicadas.logoweb

 

MUCHO ÁNIMO Y PACIENCIA

Raquel Ferrer Casado

 

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Categorías: PSICOLGIA CLINICA, PSICOLOGÍA FAMILIAR | Etiquetas: | Deja un comentario

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